Su ámbito de intervención no es el paciente individual aislado, sino la familia vista como un todo orgánico.  Se basa en un enfoque sistémico, que considera a la familia como un sistema cuyos miembros mantienen interrelaciones. Cuando uno de los miembros tiene un problema, el resto también sufre las consecuencias.

Uno de los principales objetivos de la terapia familiar es transformar la comunicación destructiva que una familia tiene respecto a sus conflictos en una comunicación constructiva, que permita modificar los patrones negativos de conducta, con mejores herramientas para solucionar problemas y para llegar acuerdos mutuos.

Algunos temas que pueden tratarse son:

Problemas de adicciones en la familia

Violencia intrafamiliar

Mala comunicación

Conflictos constantes entre los miembros de la familia

Enfermedad de alguno de los miembros de la familia

Bajo rendimiento escolar, entre otros